Hace cuatro días (algo más, algo menos) estuve leyendo algo que relataba el asedio de billetes falsos en la ciudad de New York.

Allí esta, la muchacha que atiende McDonalds, que recién entra a su “shift” de la mañana.

“A small coffee please”

“1.09”

“There you go”

And he goes with a 20 dollar bill (fake one), the girl takes the money, she feels it so light, so green, so fake. What to do? what to do with the coffee already marked in the register, what to do with the twenty dollar bill already in her hands.

Trabajar el día completo para pagar uno falso.

Los trabajos más expuestos al público, con mayor cercanía a “agarrar dinero de clientes” son aquellos que peor pagan en la ciudad, y claro, les toca a aquellos que ningún otro trabajo pueden soñar tener.

Agallas y un poco de hambre es lo que les toca a todas las Mcdonaldsnianas, Kentuckeñas y demás para agarrar el billete y devolverlo (esperar la turba del cliente reclamando que la cajera lo cambio). Ver esto, un día cualquiera en donde solo hacías la fila para comprarte un “fudge sundae”.

La vida no cambia, las desigualdades siguen siendo el tema del dia en cualquier zona horaria.